La convivencia social y con animales mejoran el microbioma intestinal en los mayores de 60 años

Un grupo de científicos de Italia y Rusia descubrió que los lazos sociales y la convivencia con animales domésticos, como perros y gatos, no solo mejoran el ánimo, también dejan una marca en el intestino.

Publicaron los resultados en la revista Aging Research Reviews. Allí revelaron que la variedad y salud de las bacterias intestinales se relacionan directamente con la cantidad de vínculos sociales y el tiempo compartido con animales.

Los investigadores pertenecen a la Universidad de Ferrara, la Universidad de Parma y en el Instituto de Neurociencias del Consejo Nacional de Investigación, en Italia, y al Instituto de Biogerontología y al Centro de Investigación en Inteligencia Artificial de la Universidad Lobachevsky en Rusia.

Sugirieron que mantener relaciones frecuentes y vivir con animales ayuda a que el intestino albergue una comunidad bacteriana más diversa y saludable.

Por otro lado, el aislamiento puede reducir esa variedad y favorecer la aparición de bacterias menos beneficiosas.

Los investigadores afirmaron: “La microbiota intestinal de los seres humanos parece verse modulada de manera significativa por el número, tipo y duración de los contactos sociales con otros humanos y animales”.

Las consecuencias van más allá de la vida emocional. Las relaciones sociales y la convivencia con animales influyen en el equilibrio de las bacterias del intestino y pueden proteger la salud.

 

El intestino, espejo de los vínculos

El equipo de investigadores buscó entender cómo los vínculos sociales afectan el microbioma intestinal en personas mayores.

Se partió de una pregunta central: ¿el aislamiento puede cambiar la composición bacteriana del intestino?

Con esa inquietud, analizaron la evidencia científica sobre el “microbioma social”, es decir, el conjunto de microorganismos que varían según los hábitos sociales.

La atención se centró en la cantidad y calidad de los vínculos, evaluando cómo influyen en la diversidad bacteriana del intestino.

Se recopilaron resultados de estudios en animales. El contacto físico frecuente en especies sociales favorece la transmisión de bacterias útiles, lo que genera microbiomas más uniformes y saludables.

 

Animales, vínculos y soledad

Durante el estudio, los científicos reunieron y analizaron investigaciones previas realizadas en distintos países y contextos.

Examinaron datos de personas mayores que pasaron por situaciones de aislamiento, como la pandemia, y de quienes convivían con animales domésticos.

La revisión incluyó estudios que midieron la composición de la microbiota intestinal antes y después de períodos sin contacto social o con cambios en la convivencia. También se tuvieron en cuenta trabajos sobre deportistas, pacientes hospitalizados y niños nacidos durante el confinamiento.

Entre los resultados principales, la evidencia mostró que el aislamiento social se asoció con una menor diversidad de bacterias intestinales.

En adultos mayores, esta reducción de variedad bacteriana se vinculó a cambios que favorecen la inflamación y pueden afectar la salud general.

En cambio, quienes mantenían lazos sociales o convivían con animales domésticos presentaron una microbiota más diversa y equilibrada.

El contacto diario con perros y gatos, según los datos revisados, se relacionó con la presencia de bacterias que ayudan a mantener la barrera intestinal y a controlar la respuesta inflamatoria.

Los investigadores señalaron que “la cohabitación con un perro se asoció con una mayor abundancia en la microbiota intestinal de bacterias conocidas por sus propiedades de mantenimiento de la función de barrera gastrointestinal, supresión de la respuesta inflamatoria y promoción de la sensibilidad a la insulina”.

Quedó claro que tanto el aislamiento objetivo, como vivir solo, como el aislamiento percibido, pueden influir negativamente en la composición bacteriana del intestino.

El estudio concluyó que las personas mayores con más vínculos sociales o contacto regular con animales presentan un microbioma intestinal más robusto y diverso, lo que podría traducirse en mejor salud física y menor riesgo de fragilidad.