Senderismo en la región: una experiencia que crece y suma adeptos

El senderismo es mucho más que caminar: es una actividad física accesible, económica y profundamente beneficiosa para el cuerpo y la mente. Mejora la salud cardiovascular, aumenta la resistencia y tonifica músculos, fortalece huesos y articulaciones, estimula el sistema inmunológico, reduce el estrés y la ansiedad, mejora el estado de ánimo: favorece la liberación de endorfinas, aumenta la concentración y la creatividad, fomenta la conexión con otras personas, promueve el respeto por la naturaleza, permite descubrir paisajes y valorar el entorno local, entre muchas otras cuestiones.

En la región es una actividad que prolifera, y de la mano de una oferta que crece, con varias propuestas en la zona que invitan a recorrer diferentes circuitos con variados grados de dificultas, también hay una demanda concreta que se expande, con adeptos de todas las edades.

Senderismo: una práctica que se consolida

UNO dialogó con Rodolfo Gómez Castañeda, quien organiza este tipo de actividades durante todo el año en los alrededores de Valle María por caminos rurales, con sus ondulaciones típicas. Los recorridos abarcan entre 8 los y los 10 kilómetros, convocando cada vez a más personas de Paraná, Santa Fe y otras ciudades. Seguridad, historia, naturaleza y desconexión digital, las claves de una propuesta que se consolida desde 2018.

En este época generalmente las salidas son de noche porque tienen un encanto especial, además de que permiten esquivar el calor. Se hacen 15 días, durante algún fin de semana en el que el tiempo acompañe; y si hay luna llena mejor, ya que logran apreciar el entorno de manera distinta, sin la luz artificial de las linternas. “Nos gusta caminar de noche y hay un grupo seguidor al que le encanta. Cuando hay luna llena, incluso podemos prescindir de las linternas y eso le da otra perspectiva al lugar”, señaló.

Los recorridos combinan caminatas accesibles con naturaleza, historia e interacción social, diferenciándose del trekking tradicional por su carácter inclusivo y relajado. “No hacemos trekking, hacemos senderismo. Es una actividad más accesible, no requiere entrenamiento previo y está pensada para todas las edades. Cada recorrido incorpora relatos sobre la historia local, especialmente la de los alemanes del Volga, que llegaron a la zona en 1878 y marcaron la identidad cultural de la localidad”, explicó.

En cada salida se incluye una pausa especial para detenerse, apagar las luces y escuchar. Son apenas 5 o 10 minutos, pero el silencio, los sonidos del entorno y los aromas del campo generan una experiencia sensorial distinta. Para respetar preferencias, el grupo se divide: quienes desean permanecer en absoluto silencio se ubican en un sector, mientras que los más conversadores se apartan unos metros para no interrumpir ese momento.

Experiencia social

El senderismo no es sólo caminar. Es también encontrarse. En cada salida participan niños, adolescentes, adultos y personas mayores, de profesiones y trayectorias muy diversas. “Uno no pregunta a qué se dedica el otro, pero en la charla van surgiendo historias. Hay personas que hicieron el Camino de Santiago, que subieron el Champaquí o recorrieron otros cerros del país, y comparten sus vivencias”, contó Rodolfo.

La interacción es tan fuerte que, en algunos casos, quienes se conocieron en una caminata en Valle María terminaron organizando vacaciones juntos.

Los principales participantes provienen de Paraná y Santa Fe, aunque también se suman personas de Crespo, Diamante, Oro Verde, San Benito, Santo Tomé, Esperanza y otras localidades cercanas. En fines de semana largos, incluso llegan visitantes de Rosario y Buenos Aires.

Si hay un eje innegociable en cada salida es la seguridad. Antes de comenzar, el grupo recibe una charla informativa donde se detallan los caminos a recorrer, las medidas preventivas y la cobertura del seguro.

Siempre hay una persona que abre la caminata y otra que la cierra, marcando el ritmo según el integrante que vaya más lento. Además, cuando el punto de partida es abierto, a la vera de un camino, una tercera persona permanece cuidando los vehículos hasta el regreso del grupo. “Antes de ponernos la mochila y la linterna, revisamos el botiquín y la lista de personas aseguradas. Tenemos cursos de primeros auxilios realizados. La seguridad es nuestro norte”, remarcó el referente de la actividad en Valle María.

También mencionó que las caminatas duran entre dos y dos horas y media, con paradas cada dos kilómetros para hidratarse y recuperar energía.

Actividad en expansión

El crecimiento del senderismo no es exclusivo de Valle María. En distintas localidades de la región hay prestadores que organizan salidas similares. Lejos de competir, cada uno apunta a un perfil diferente. “Creo que cada uno está enfocado en lo suyo. En nuestro caso, nos especializamos mucho en el senderismo nocturno”, explicó Rodolfo.

La demanda acompaña. En una fecha reciente coincidieron varias propuestas en la zona y, aun así, la convocatoria superó las 20 personas. “Con 10 lo hacemos igual, con 15 estamos conformes y si pasan los 20, el producto ya está muy impuesto”, resumió.

En la actividad que él organiza, el costo de participación ronda los 12.000 pesos por persona, con descuentos para grupos familiares, en una política que busca mantener precios accesibles para quienes deben trasladarse desde otras ciudades.

Naturaleza y desconexión

Tanto interés generan en la gente las actividades que promueven el contacto con la naturaleza que la propuesta senderismo se amplió el año pasado con acampadas a la orilla del río Paraná, en el camping del balneario de Valle María, con una experiencia que incluyó senderismo nocturno y hasta empanadas de pescado compartidas frente al río.

Desde el grupo de Rodolfo planean repetir esta salida en Semana Santa y el equipo trabaja en una iniciativa que apunta a la desconexión digital durante 24 horas. Al respecto, aclaró que no se trata de prohibir el uso del celular, que sigue siendo necesario ante emergencias o para tomar fotografías, sino de promover un uso mínimo, evitando la exposición constante en redes sociales y fomentando la conexión con el entorno. “Queremos que la gente esté lo más desconectada posible del teléfono y lo más conectada posible con la experiencia”, adelantó.

En tiempos atravesados por el ritmo acelerado y la hiperconectividad, propuestas como estas y el senderismo regional en general aparecen como una invitación simple pero potente: caminar bajo la luna, escuchar el campo, conocer la historia del lugar y, sobre todo, compartir el camino.

Porque, como resume Rodolfo, no se trata solo de ponerse la mochila y salir a andar, sino de vivir una experiencia.

Fuente: UNO – Vanesa Erbes