Durante la última década, las denominadas “casas por un euro” en Italia despertaron el interés de miles de personas alrededor del mundo. La posibilidad de adquirir una vivienda por un valor simbólico en pequeños pueblos italianos generó una ola de consultas, especialmente entre quienes buscan emigrar o comenzar una nueva vida en Europa. Sin embargo, la realidad detrás de estos programas es bastante más compleja de lo que suelen mostrar las publicaciones virales.
Eduardo Coronel y Noeli Forciniti, una pareja oriunda de Rosario que actualmente reside en la región de Calabria, recorrió distintas localidades italianas para conocer de primera mano cómo funcionan estas iniciativas. Tras analizar diversos programas y hablar con habitantes y autoridades locales, concluyeron que las oportunidades existen, aunque implican importantes inversiones y compromisos.
Las casas por un euro sí existen, pero no son gratuitas
El programa nació en 2015 como una estrategia para combatir la despoblación de pequeños pueblos, especialmente en el sur de Italia. La mecánica consiste en que propietarios de inmuebles abandonados los ceden a los municipios, que luego los ofrecen a compradores por un valor simbólico.
La principal dificultad es que la mayoría de estas propiedades ya fueron adjudicadas y actualmente son escasas las oportunidades disponibles. Además, la compra representa apenas el primer paso de una inversión mucho más importante.
Las viviendas suelen encontrarse en avanzado estado de deterioro y requieren costosas obras de restauración. Los gastos de renovación pueden superar los 100.000 euros, a lo que se suman proyectos técnicos, permisos municipales, trámites administrativos y depósitos de garantía exigidos por algunas comunas para asegurar el cumplimiento de las obras.
En muchos casos, los compradores deben finalizar las refacciones dentro de un plazo determinado, generalmente de tres años, y los proyectos de remodelación deben ser aprobados por las autoridades locales.
Vivir en pequeños pueblos italianos no es para todos
Otro aspecto que suele quedar fuera de los titulares es la realidad cotidiana de estas localidades. La mayoría de los pueblos que impulsan estos programas tienen pocos habitantes y se encuentran alejados de los grandes centros urbanos.
Si bien ofrecen entornos naturales privilegiados, tranquilidad y una fuerte identidad cultural, también presentan limitaciones en materia de transporte, servicios y conectividad. Contar con vehículo propio suele ser prácticamente indispensable para desplazarse con comodidad.
La situación puede resultar especialmente desafiante para familias con hijos, debido a las distancias hacia escuelas, hospitales y otros servicios esenciales.
Comprar una propiedad no otorga ciudadanía italiana
Uno de los mitos más extendidos es la creencia de que adquirir una vivienda permite acceder automáticamente a la ciudadanía italiana.
No obstante, los especialistas remarcan que ambos procesos son completamente independientes. Para participar de estos programas es necesario contar previamente con una situación migratoria que permita residir legalmente en Italia.
Por ese motivo, muchos de los beneficiarios suelen ser ciudadanos de otros países de la Unión Europea que buscan radicarse en regiones menos pobladas.
Nuevos programas para repoblar comunidades
Mientras las casas por un euro pierden protagonismo, distintas regiones italianas impulsan nuevas iniciativas destinadas a atraer residentes permanentes.
Uno de los programas más destacados es Abita Borghi Montani Calabria, impulsado por el gobierno regional de Calabria. La propuesta contempla ayudas económicas de hasta 5.000 euros para quienes compren o refaccionen viviendas en municipios de montaña con menos de 3.000 habitantes.
La prioridad está puesta en familias con hijos y en personas interesadas en desarrollar actividades económicas que contribuyan al crecimiento de las comunidades locales.
Otra iniciativa es Ripopola Calabria, que financia la recuperación de edificios públicos históricos para destinarlos a nuevos residentes mediante alquileres accesibles o comodatos. Los inmuebles son restaurados previamente con infraestructura moderna, acceso a internet y mejoras estructurales.
¿Realmente pagan por mudarse?
Si bien algunos municipios ofrecen incentivos económicos para atraer nuevos habitantes, estos beneficios están sujetos a múltiples condiciones.
Los programas suelen exigir residencia efectiva durante varios años, integración a la comunidad y, en algunos casos, la puesta en marcha de emprendimientos o actividades productivas.
Además, los incentivos no siempre se entregan como dinero en efectivo. En muchas ocasiones consisten en exenciones impositivas, subsidios específicos o ayudas destinadas a determinados gastos vinculados con la instalación.
Una alternativa para quienes buscan cambiar de vida
Tras analizar los distintos programas disponibles, la pareja considera que estas iniciativas pueden resultar atractivas para personas que ya tenían previsto radicarse en Italia, cuentan con capacidad económica para afrontar inversiones y buscan un estilo de vida más tranquilo.
Lejos de las promesas simplificadas que circulan en internet, las oportunidades existen, pero requieren planificación, recursos y un conocimiento profundo de las condiciones de cada programa.
Actualmente, Eduardo Coronel y Noeli Forciniti viven en Calabria, trabajan de manera remota para empresas internacionales y comparten experiencias sobre viajes y vida cotidiana en Europa a través de sus redes sociales. Allí aseguran haber encontrado una combinación de calidad de vida, tranquilidad y costos accesibles que difícilmente hubieran conseguido en otros destinos europeos.





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