Un acuerdo comercial entre una naviera chilena y una corporación de las islas busca establecer un enlace marítimo directo desde Punta Arenas. La iniciativa intenta competir con el abastecimiento desde Uruguay y promete reactivar la economía regional, aunque reaviva las alarmas diplomáticas.
Chile se prepara para poner en marcha una nueva vía de abastecimiento marítimo hacia las Islas Malvinas. El proyecto surge a partir de la firma de un contrato entre la Corporación de Desarrollo de Islas Malvinas y la naviera chilena Easter Island, con el objetivo de unir la ciudad de Punta Arenas con Puerto Argentino.
La estrategia busca competir de manera directa con la ruta comercial que actualmente opera desde Uruguay. Mientras que el trayecto desde el puerto uruguayo contempla unos 2.000 kilómetros de navegación, la conexión desde la región de Magallanes reduce esa distancia a la mitad, lo que implicaría un considerable ahorro en costos de flete y logística.
El plan prevé un importante hito este 28 de este mes, cuando desembarque en Punta Arenas una delegación de 25 empresarios británicos con el fin de avanzar en las negociaciones comerciales con proveedores chilenos. El primer viaje marítimo ya se encuentra programado para noviembre e incluirá el envío de alimentos, frutas, verduras, vinos, materiales de construcción, gas licuado y repuestos.
Impacto económico y trasfondo normativo
Desde el municipio de Punta Arenas destacan que el archipiélago cuenta con un poder de compra estimado en USD 20 millones anuales, una cifra atractiva para impulsar el desarrollo económico regional. En ese sentido, remarcan que, tras la adhesión de Chile en 2011 a la declaración del Mercosur —que prohíbe la recalada de buques con bandera de las islas en los puertos de los países firmantes—, la zona de Magallanes perdió ingresos aproximados por USD 300 millones. Para sortear las restricciones geopolíticas, la iniciativa se plantea como un acuerdo estrictamente privado y la embarcación designada para la travesía operará bajo una bandera de conveniencia.
Pese a que las negociaciones entre la empresa naviera y las autoridades de las islas venían desarrollándose de forma previa, la ratificación del proyecto llega en un momento de particular sensibilidad bilateral. El anuncio coincide con los recientes esfuerzos entre las administraciones de Chile y Argentina por disipar tensiones tras diferencias en materia de límites territoriales, en los que el país trasandino revalidó su respaldo a la posición argentina respecto de la soberanía en el Atlántico Sur.
Potenciales roces geopolíticos
El desarrollo del nuevo trayecto comercial vuelve a poner bajo la lupa la aplicación del Decreto 256, promulgado por Argentina en febrero de 2010. Dicha norma exige una autorización previa del Estado argentino a todo buque que pretenda navegar entre el territorio continental y las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Sin embargo, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar) respalda la libre navegación de embarcaciones sin carga militar en la Zona Económica Exclusiva (ZEE).
Expertos en defensa y navegación proyectan que el inicio de estas operaciones comerciales podría encender nuevos focos de conflicto en la agenda bilateral. Si bien no se han registrado incidentes de gravedad en los últimos años por el cumplimiento del marco regulatorio argentino —más allá de multas formales adeudadas—, la habilitación de un flujo regular desde puertos chilenos abrirá un escenario diplomático complejo que pondrá a prueba la gestión de las cancillerías de ambos lados de la cordillera.





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