El mapa alimentario de los argentinos está cambiando de manera definitiva. El pollo dejó de ser una alternativa económica para convertirse en el verdadero protagonista de la mesa familiar. Durante el último año, el consumo en el país alcanzó la histórica cifra de 49,4 kilos por habitante, un volumen récord que lo ubica prácticamente a la par de la carne vacuna.
Este crecimiento imparable responde a una combinación clave: versatilidad en la cocina, un excelente perfil nutricional y una cadena de producción cada vez más eficiente que logra mantener costos competitivos en la góndola. En un escenario donde los hogares buscan opciones saludables y accesibles, la carne aviar se consolidó como la respuesta ideal.
Una proteína estratégica para la salud
Más allá del factor económico, el atractivo del pollo radica en sus propiedades nutricionales. Se trata de una carne magra que aporta unos 22 gramos de proteína de alto valor biológico por cada 100 gramos de alimento. Una sola porción diaria (equivalente a media pechuga o un muslo) cubre más de la mitad de los requerimientos proteicos de un adulto.
A esto se le suma un bajo contenido de sodio (apenas el 5% del máximo diario recomendado por la OMS) y un predominio de grasas insaturadas, fundamentales para el cuidado cardiovascular. Al ser de fácil digestión y sabor suave, es el gran aliado en todas las etapas de la vida: desde la alimentación infantil hasta la dieta de deportistas y adultos mayores.
Radiografía de un sector en máxima expansión
Para sostener esta demanda récord, la industria local opera a niveles nunca antes vistos. Fuentes consultadas por INFORME 3 confirmaron que la producción nacional superó las 2,47 millones de toneladas anuales, gracias a la faena de unas 750 millones de aves en establecimientos habilitados.
Esta gigantesca estructura productiva presenta las siguientes características:
- Concentración geográfica: Las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires explican más del 90% del procesamiento total del país.
- Pilares del éxito: La actividad se sostiene sobre cuatro ejes técnicos: genética avanzada, nutrición de precisión, manejo de punta y estrictas normas de bioseguridad.
- Proyección global: Argentina se posiciona con fuerza en el mercado internacional, contando con más de 100 destinos habilitados y exportaciones activas a 74 países.
El secreto está en la granja
La calidad que llega al plato se define mucho antes de la comercialización. El bienestar animal y la prevención sanitaria pasaron de ser tecnicismos a convertirse en la base del negocio. La bioseguridad y los planes de vacunación no solo protegen los rodeos avícolas, sino que garantizan un alimento seguro bajo el concepto de una sola salud integrada (One Health).
Gracias a este riguroso estatus sanitario, Argentina no solo abastece con confianza su mercado interno, sino que valida la calidad de sus productos ante los ojos del mundo, consolidando al pollo como la proteína del presente y el futuro en el país.





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