Aunque la presión impositiva sobre el campo mostró una leve reducción en el último trimestre, el Estado continúa absorbiendo una porción mayoritaria de la renta agrícola. Actualmente, de cada $100 generados por una hectárea promedio en el país, $61,9 se destinan al pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales.
Si bien este indicador se ubicó levemente por debajo del 62,5% registrado en el inicio del año, sigue reflejando una elevada carga tributaria para el sector. Esta pequeña mejora estuvo impulsada principalmente por el comportamiento del trigo y el girasol, favorecidos por mejores precios internacionales y, en el caso del cereal, por una baja en los derechos de exportación.
Sin embargo, el alivio no es homogéneo. Mientras el trigo logró mejorar sus números, el maíz enfrenta un escenario crítico debido al fuerte incremento de los costos de producción y de logística.
La paradoja del trigo: mejora en las urnas fiscales, pero con rentabilidad al límite
La participación estatal sobre la renta agrícola alcanza el 73,6% en el caso del trigo, consolidándose como el nivel más alto entre los principales cultivos, seguido por el girasol (68,1%), la soja (61,7%) y el maíz (59%).
Pese a liderar la presión fiscal, la situación del cereal experimentó una recuperación drástica si se la compara con el trimestre anterior, momento en que el indicador de participación del Estado había llegado a un asfixiante 104,4% (donde los impuestos superaban la renta misma). Esta mejora responde a que el precio del trigo aumentó un 15,5% en los últimos meses y a que se implementó una reducción en la alícuota de los derechos de exportación, que pasó del 7,5% al 5,5%.
Alerta por los fertilizantes: la urea escaló casi un 50%
El principal foco de preocupación para los productores agrícolas sigue estando en el mercado de los insumos.
Según pudo saber INFORME 3, la urea —uno de los fertilizantes más utilizados en la agricultura local— acumula una suba del 48% en lo que va del año. Este incremento está directamente vinculado a las crecientes tensiones geopolíticas registradas en Medio Oriente y a las restricciones logísticas que afectaron el tránsito por el estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica por donde circula cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes.
Aunque en las últimas semanas los mercados internacionales comenzaron a proyectar una paulatina normalización en los flujos de distribución, los especialistas advierten que la recomposición de los inventarios demandará tiempo, por lo que los precios de los fertilizantes se mantendrán elevados durante varios meses más.
Esta problemática se traduce de forma cruda en la relación insumo-producto: hoy se necesitan 3,4 toneladas de trigo para adquirir una sola tonelada de urea, mientras que en el caso del maíz la cifra asciende a 4 toneladas.
El maíz, jaqueado por los fletes de larga distancia
A diferencia del trigo, el maíz apenas registró un ajuste de precio del 1,2% en el trimestre, una variación que resultó totalmente insuficiente para compensar la suba de los costos operativos.
El factor que más está golpeando al cereal es el transporte de carga: los fletes aumentaron un 26% en el trimestre y acumulan un alza interanual que roza el 37,3%. Esta realidad golpea con extrema dureza a las provincias mediterráneas y alejadas de las terminales portuarias:
Zonas críticas: Córdoba, San Luis y La Pampa.
Impacto logístico: En estas regiones, aproximadamente dos de cada diez camiones cargados de maíz se destinan única y exclusivamente a cubrir el costo del flete hacia el puerto.
Radiografía de la renta: ¿cómo se reparten los ingresos?
Cuando se analiza el destino final de cada $100 de renta generados por una hectárea agrícola una vez deducidos los costos de producción, la brecha de distribución es elocuente:
| Destino de la renta | Participación por cada $100 |
| Impuestos (Estado) | $61,90 |
| Costo de la tierra (Campos alquilados) | $29,70 |
| Ganancia neta del productor | $8,50 |
A nivel geográfico, la provincia de Entre Ríos registra el índice de participación estatal más alto con un 65,5%, seguida por Córdoba (60,2%), Buenos Aires (59%), La Pampa (58,9%), San Luis (58,2%) y Santa Fe (55,6%).
Del total de la carga impositiva que pesa sobre la actividad, el 56,7% corresponde a impuestos nacionales no coparticipables (retenciones e impuesto al cheque). Al tratarse de recursos que se concentran en las arcas centrales del Estado, la mayor parte de los fondos generados sale de las regiones productivas sin regresar de manera directa a las provincias y municipios donde se originó la riqueza.





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