Luego de ubicarse en 2,1% en mayo, la inflación de junio habría desacelerado nuevamente. Para el mes de julio, pese a las presiones propias del período por factores estacionales, se registraría una variación similar. Los rubros con mayor incidencia en el bolsillo de los consumidores serían el transporte, los servicios regulados y el turismo.
En este escenario, las proyecciones privadas anticipan un índice que se movería en torno al 2% para este mes. Para agosto se prevé que la cifra alcance el 1,8%, nivel que se sostendría durante el resto del año. En tanto, a largo plazo, los organismos internacionales proyectan que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) siga un sendero descendente para cerrar el 2026 cerca del 25%, estimando que recién llegará a un dígito anual en 2028.
Las proyecciones y el impacto de los servicios
La desaceleración de la variación de precios fue perdiendo impulso a lo largo de junio, cerrando más cerca del 1,5%, lo que favorece una menor inflación en julio. Frente a esto, debe tenerse en cuenta que los rubros vinculados al turismo tienen un pico lógico por las vacaciones de invierno.
Por un lado, analistas del mercado proyectan una inflación de 1,8% en julio, el mismo guarismo que el calculado en junio. Las mediciones locales muestran que los alimentos se moderaron, los combustibles vienen estables y las tarifas tuvieron un ajuste parecido al del mes pasado.
Sin embargo, otros especialistas anticipan un IPC ligeramente superior, del 2,1%. Esta aceleración respondería a varios factores. En primer lugar, la propia estacionalidad juega en contra: con el cobro del aguinaldo y el receso invernal, el indicador generalmente tiende a ser más elevado que en los meses previos. Por otro lado, el tipo de cambio anotó una suba del 3,7% promedio en junio, lo que puede haber tenido impacto en las góndolas.
Además, se espera que los servicios regulados presionen el índice al alza. En ese sentido, se destacan los aumentos en tarifas de gas y agua (3%), subte, colectivos y peajes (4,1%) y trenes (8,5%), entre otros.
El transporte y los alimentos estacionales
Existen estimaciones que sitúan la inflación de julio exactamente en el 2%. Desde esta perspectiva, el nivel general de precios encuentra motores principalmente en el transporte, debido a los incrementos en el subte (4,1%), el boleto mínimo de colectivos (4% en el AMBA y 4,76% en el Conurbano) y los trenes (8,6%).
A su vez, inciden los aumentos del 3% en el gas y en el servicio de agua corriente, junto al encarecimiento estacional de las verduras, que continúa afectado por la ola de frío polar tras haber mostrado un avance de 10,4% en junio.
Por el contrario, los alimentos —excluyendo los productos frescos— exhiben una marcada desaceleración, con una variación promedio en supermercados que se redujo de 2,8% a 1,5% en los últimos 30 días. A esto se suma que la actualización de las tarifas de energía eléctrica fue de solo el 1,5% por tercer mes consecutivo gracias al refuerzo de los subsidios. La debilidad del consumo por la pérdida de poder adquisitivo es otro de los factores de peso que influyen en este freno.
La incertidumbre sobre los combustibles
Por otra parte, se calcula una inflación de 1,9% para junio que podría repetirse en julio. No obstante, los especialistas advierten que todavía resta definir qué ocurrirá con las naftas: si bien se esperaba un descenso, el repunte del precio internacional del petróleo podría cambiar ese escenario.
De hecho, el ritmo de la desaceleración de los precios al consumidor dependerá, en gran parte, de las decisiones de la petrolera estatal YPF que, al tener una participación de mercado superior al 50% en el comercio minorista, fija la pauta para la nafta y el gasoil.
Técnicamente, los combustibles deberían bajar aproximadamente un 16% para adecuarse a los menores valores internacionales del crudo. De implementarse esa reducción, el impacto directo hacia la baja sobre el IPC sería de alrededor de 0,65 puntos porcentuales, sin contar los efectos indirectos.
Sin embargo, el panorama es complejo. Durante varios meses la nafta fue más barata de lo que correspondía según los valores internacionales, de modo que el sobreprecio actual compensa a los refinadores y expendedores. Bajo esta premisa, si el objetivo oficial es compensar todo el congelamiento previo, los precios de las naftas deberían mantenerse congelados en los valores actuales hasta mediados de noviembre.





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