11 julio, 2026

Informe 3 – Noticias de Valle María y la Región

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El crédito no arranca: se demora un motor clave para la economía y se complica la recuperación del consumo

El crédito en pesos al sector privado mostró un comportamiento errático en los últimos meses y ese freno condiciona la posibilidad de un repunte sostenido de la economía y del consumo de las familias. En un contexto de morosidad en niveles récord, las proyecciones privadas anticipan un tenue crecimiento del financiamiento en moneda local para el segundo semestre del año.

La caída en la demanda y la oferta de préstamos reflejó, desde mediados de 2025 hasta la actualidad, el impacto simultáneo de la aceleración inflacionaria, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la suba de las tasas de interés, tanto para individuos como para empresas.

Alarmante salto en la morosidad

La mora bancaria se multiplicó casi por cuatro en el último año y el 12,7% de los créditos tomados por las familias se encontraba en situación irregular para fines de mayo, último dato oficial disponible. La situación se complejiza por el deterioro de la capacidad de pago de los hogares, que limita la fuerza de cualquier recuperación y profundiza un círculo vicioso que restringe el acceso a financiarse.

A partir de junio de 2025, el costo del dinero para los particulares subió en paralelo a la inflación que, aunque comenzó a moderarse en el segundo trimestre de 2026, todavía erosiona los presupuestos familiares. Los bancos se muestran cautos a la hora de otorgar nuevos créditos frente al aumento de los incumplimientos.

El resultado de este proceso es una caída sostenida en los principales indicadores de crédito al consumo:

  • Préstamos personales: Registran caídas interanuales y contracción real.

  • Líneas de tarjetas de crédito: Muestran un retroceso acumulado en los últimos ocho meses.

Las entidades financieras hoy priorizan la recuperación de la cartera en mora y exigen condiciones más estrictas para aprobar nuevas operaciones, lo que restringe aún más el acceso al financiamiento para las familias.

Tasas altas y un spread que castiga al consumo

La elevada morosidad, que alcanzó en mayo su nivel más alto en casi 25 años, obliga a los bancos a mantener tasas activas elevadas para compensar el mayor riesgo de incobrabilidad. Este escenario refuerza la tendencia contractiva del crédito al consumo y dificulta la salida del estancamiento, incluso en un contexto donde el Banco Central de la República Argentina (BCRA) registra una mejora en la liquidez y una baja de la tasa de inflación esperada.

La fuerte expansión del crédito entre comienzos de 2024 y mediados de 2025 resultó clave para explicar el rebote económico, especialmente en los sectores ligados al consumo interno. Ese ciclo se interrumpió abruptamente a partir del desarme de las LEFI y la tensión preelectoral de julio de 2025, que incrementó la volatilidad de las tasas de interés y, junto con el endurecimiento de los encajes, impulsó un salto en las tasas activas. El crédito pasó de crecer a un ritmo del 6% mensual en términos reales a quedar prácticamente estancado.

Información a la que tuvo acceso INFORME 3 indica que el proceso de normalización de encajes encarado por el BCRA entre febrero y abril de 2026 ayudó a reducir la volatilidad y permitió que algunas tasas pasivas bajaran del 50% al 20% de tasa nominal anual (TNA).

Sin embargo, las tasas activas en préstamos personales y tarjetas de crédito —que representan cerca de la mitad del stock de crédito en pesos— permanecen en torno al 65% y 85% (TNA), respectivamente, frente a una inflación esperada inferior al 30% interanual. Este aumento del spread entre tasas pasivas y activas responde, principalmente, al fuerte salto de la morosidad. En los bancos, el incumplimiento pasó de 2,7% en enero de 2025 a 12,1% en abril de 2026, volviendo a subir levemente en mayo.

Radiografía del financiamiento a las familias

El financiamiento bancario total a las familias se ubicó en $43,1 billones al cierre de junio, reflejando una caída mensual del 1,9% y un retroceso interanual del 4,4%. Al comparar el desempeño actual con agosto de 2025, el ajuste en el crédito al consumo alcanza el 8,8%, con una baja más pronunciada en tarjetas de crédito (11%) y en préstamos personales (6,2%).

Esta persistente retracción refleja no solo el encarecimiento del costo financiero y la cautela de las entidades bancarias, sino fundamentalmente la falta de tracción de la demanda ante presupuestos familiares deprimidos y la erosión en la capacidad de repago. Además, la restricción presupuestaria obliga a las familias a priorizar gastos esenciales y postergar el cumplimiento de obligaciones financieras.

Bajo esta perspectiva, una vez tocado el pico de mora en el primer cuatrimestre de 2026, la convergencia al promedio de largo plazo (2,7%) puede demorar entre siete y doce meses. Mientras tanto, los bancos mantienen criterios restrictivos de otorgamiento que limitan la expansión crediticia en el corto plazo. En junio, el stock de préstamos en pesos y dólares al sector privado se ubicó en el 12,3% del Producto Bruto Interno (PBI), concentrándose el dinamismo en el segmento en moneda extranjera.

¿Cambio de tendencia o alivio temporal?

A pesar del complejo panorama, en junio el crédito en pesos al sector privado volvió a crecer en términos reales tras cinco meses de retroceso, impulsado exclusivamente por operaciones comerciales que superaron la barrera de la inflación y compensaron el magro desempeño de las carteras asociadas con los particulares.

El saldo de préstamos personales ascendió a $21,2 billones, con un alza nominal del 0,9% mensual y del 30% anual. Sin embargo, al ajustar por inflación, arroja una baja del 1% en el mes y del 2,9% anual, acumulando nueve meses consecutivos de retroceso real. El nivel de tasas es todavía muy alto en relación a la inflación esperada, lo que frena la demanda de nuevas operaciones.

Las expectativas para el segundo semestre

El contexto salarial podría modificar parcialmente el escenario en la segunda mitad del año. Debido a que los salarios nominales se negocian con referencia a la inflación pasada, en un contexto donde la inflación desacelera, los acuerdos paritarios cerrados sobre la base de registros inflacionarios más altos comenzarían a generar ganancias reales de poder adquisitivo.

Si ese proceso se sostiene, existe la expectativa de que aumente la demanda de pesos y, con ella, la de financiamiento, lo que aliviaría las tensiones sobre la deuda de corto plazo. En el Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central se proyecta que la intermediación financiera en pesos retomará su senda de crecimiento en los próximos meses, acompañada por una mejora en la actividad económica.

De todas formas, los analistas advierten que, aunque el ritmo de incumplimientos comenzó a moderarse, los actuales niveles de tasas de interés hacen poco probable un repunte fuerte del consumo interno. La evolución de la morosidad, el repunte del salario real y la respuesta de las entidades bancarias seguirán siendo determinantes para definir el verdadero margen de recuperación de la economía.