El sector de la indumentaria textil continúa transitando un escenario crítico, en un contexto donde el estancamiento y la debilidad del consumo interno siguen marcando el ritmo de la actividad productiva y comercial.
La caída en las ventas de indumentaria registró una baja interanual del 6,9% en unidades vendidas durante el tercer bimestre de 2026. Si bien el dato representa una leve desaceleración respecto de los períodos previos —donde las bajas habían alcanzado un 7% en el primer bimestre de este año y un 9,4% en el cierre de 2025—, la serie general se mantiene en terreno negativo desde hace más de dos años, con la sola excepción del segundo bimestre de 2025, cuando se registró una tenue suba del 1,2%.
Al analizar la realidad hacia el interior del entramado empresarial, el 55% de las firmas reportó caídas en sus niveles de venta durante el período evaluado, mientras que un 27% logró incrementos y un 18% no registró variaciones. Se trata del séptimo relevamiento consecutivo en el que la proporción de empresas con números en rojo supera a las que muestran crecimiento, aunque la brecha entre ambos grupos tuvo un estrechamiento moderado respecto del bimestre previo, cuando las bajas alcanzaban al 59% de los establecimientos.
La falta de demanda, el problema central
La falta de demanda se consolidó en el centro del problema productivo: ocho de cada diez empresas del sector señalaron la caída del consumo como su principal preocupación. Esta percepción experimentó un incremento de cuatro puntos porcentuales respecto de la medición previa y se sostiene como la variable crítica del rubro desde hace más de 24 meses, ubicándose muy por encima de otros factores coyunturales como la suba de costos, las dificultades de financiamiento o el abastecimiento de stock.
Entre los testimonios del sector se describen desde escenarios de cierre tras décadas de actividad, hasta firmas que sostienen su estructura sacrificando rentabilidad para no realizar despidos masivos.
El clima de incertidumbre impregna las proyecciones inmediatas. De cara a los próximos tres meses, el 63% de las empresas prevé que sus ventas se mantendrán estables sin variaciones significativas, mientras que un 22% anticipa un empeoramiento. Solo un 16% —cerca de una de cada seis firmas— proyecta una mejora en el corto plazo. Con relación a las perspectivas económicas generales para el año 2026, el 53% espera un escenario sin grandes cambios, un 25% califica sus expectativas como malas y un 12% como muy malas.
Indicadores operativos y empleo
En el ámbito operativo se registran algunas señales de estabilización en materia de stocks: un 51% de las industrias declara un nivel equilibrado. No obstante, la imposibilidad de trasladar los incrementos de costos a los precios finales se agravó notablemente. Un 55% de las empresas no pudo trasladar nada de los aumentos sufridos en sus insumos, mientras que un 33% absorbió más de la mitad de dichas subas.
A pesar de reducirse los atrasos ocasionales y frecuentes en la cadena de pagos, han comenzado a reaparecer interrupciones puntuales (afectando al 2% de las empresas), lo que evidencia focos persistentes de estrés financiero en la actividad textil.
Por último, en el plano laboral, el ajuste se ha intensificado. Los despidos representaron el 27% de las medidas adoptadas sobre las plantillas de personal en el último bimestre, subiendo siete puntos porcentuales respecto al período anterior y pasando a representar casi un tercio de todas las decisiones tomadas en materia de recursos humanos, en un mercado donde la reactivación del consumo todavía no muestra signos claros de concreción.





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